La restauración de un bar emblemático en Buenos Aires

imagen-168
Compartilo

Renovación de un ícono en San Telmo

En el barrio de San Telmo, una antigua casona ha recuperado su esplendor tras un cuidadoso proceso de restauración que ha devuelto la esencia y el ambiente de uno de los bares notables de la ciudad: el Café Rivas. Esta renovación se basó en una profunda nostalgia arquitectónica, con el objetivo de permitir que el tiempo vuelva a fluir en este lugar emblemático.

La importancia de los bares en la identidad urbana

La ciudad de Buenos Aires ha construido gran parte de su identidad en torno a los bares. Desde tiempos remotos, estos cafés han sido una extensión del espacio público, actuando como lugares de intercambio social, político y cultural. Los bares, adornados con boiseries, barras de mármol, vitrales y espejos biselados, forman parte del paisaje urbano, y su existencia se ha consolidado como un patrimonio vivo.

San Telmo y su arquitectura del encuentro

San Telmo alberga algunas de las estructuras más representativas de esta arquitectura social. En particular, la esquina de Estados Unidos y Balcarce es significativa, ya que se sitúa en el punto donde se detuvo el trazado original de Buenos Aires en 1580. Desde 1967, en este espacio ha estado el Café Rivas, un bar que ha sido testigo del pulso cultural del barrio.

El edificio, caracterizado por su antigua estructura en ochava y sus amplios ventanales, refleja un diálogo con su entorno. Elementos como la marquesina metálica, el reloj colgante y la presencia de vegetación en su fachada sugieren una continuidad urbana.

Restauración: un proceso meticuloso

No obstante, el paso del tiempo no siempre fue benévolo. Las intervenciones previas habían distorsionado su identidad, lo que llevó a que el nuevo proceso de recuperación se enfocara en una lectura detallada y cuidadosa del espacio. «El espacio siempre fue bellísimo», comenta Lupe Unamuno, socia del proyecto, «pero las capas acumuladas habían fragmentado su coherencia. La decisión fue devolverlo a su esencia y llevarlo nuevamente a 1967».

Este trabajo de restauración no fue sencillo; implicó un enfoque artesanal. La boiserie original se recuperó con una coherencia de tono y textura, mientras que la elección de los textiles se realizó buscando reflejar la época sin caer en reproducciones literales. Unamuno señala que «conseguir las telas fue un proceso largo y complejo».

Iluminación y estética vintage

La iluminación se consideró un aspecto central del proyecto. Se incorporaron piezas vintage de las décadas de 1960 y 1970 con una curaduría específica, creando una atmósfera única que combina lo nuevo con lo original. Según Unamuno, «la iluminación debía contar una historia continua, no competir con lo existente». Los espejos biselados aumentan la luz cálida, saturando el espacio de una atmósfera acogedora.

Un nuevo enfoque arquitectónico

Además, el proyecto incluyó una reorganización del área entre la cocina y la barra. En lugar de un espacio abarrotado, se optó por una cocina abierta que se integra visualmente al salón. Según Unamuno, «abrir la cocina permitió que el espacio respirara mejor y que el salón recuperara profundidad».

Un enfoque holístico en la restauración

La vajilla y demás elementos decorativos fueron seleccionados cuidadosamente para mantener la narrativa del lugar. «No se trató de decorar sino de completar un sistema coherente», sostiene Unamuno, destacando que la renovación fue un proceso integral que abarcó todos los aspectos del lugar.

Conservación y responsabilidad urbana

La recuperación del Café Rivas ejemplifica que «la conservación patrimonial no es un ejercicio de nostalgia sino un acto de responsabilidad urbana», concluye Unamuno. Este proceso no solo ha revitalizado un edificio, sino que también ha devuelto a la ciudad una forma de estar y encontrarse en un contexto que cambia rápidamente. En la esquina donde comenzó Buenos Aires, la arquitectura vuelve a contar su historia.

Compartilo