El voluntariado profesional como clave para el acceso a empleo juvenil en Argentina
Desafíos laborales para los jóvenes en Argentina
En Argentina, una gran cantidad de jóvenes se enfrenta a obstáculos que rara vez se reflejan en las estadísticasde empleo. Más allá de la escasez de oportunidades laborales, muchos inician la búsqueda de su primer empleo sin una comprensión clara de cómo opera una empresa, sin contar con mentores profesionales cercanos y sin una red de contactos que les ayude a visualizar su futuro.
El impacto del voluntariado profesional
En este contexto, el voluntariado profesional se presenta como un recurso fundamental para disminuir una brecha silenciosa pero determinante: la falta de acceso al capital social. “Comencé mi camino repleta de dudas, temores y pocas certezas. La única certeza que tenía era que quería salir adelante y convertirme en una mejor versión de mí misma”, recuerda María Luján Morienega, de 22 años, sobre su llegada al programa Tu Empleo de la Fundación EMPUJAR, el cual ofrece capacitaciones gratuitas para el primer empleo, combinando herramientas para la inserción laboral con el apoyo de voluntarios profesionales.
A medida que se preparaba para dar sus primeros pasos en el mercado laboral, María no solo encontró orientación sobre cómo afrontar entrevistas, sino que también descubrió profesionales que la apoyaron, la motivaron a creer en sus habilidades y le demostraron que su futuro deseado era alcanzable.
Experiencias transformadoras
Una experiencia similar comparte Magalí Quena, de 19 años, también participante de la Fundación EMPUJAR. Al recordar el apoyo recibido durante su formación, enfatiza que la conexión con sus mentores fue crucial para su desarrollo personal y profesional. “Me ayudaron a conectar con mis emociones, a conocerme mejor y a descubrir aspectos de mi identidad que antes no veía”, expresa. “Lograron crear un ambiente lleno de confianza, respeto y calidez, donde pudimos reír, emocionarnos e incluso llorar, sintiéndonos siempre apoyados”, añade.
No son relatos aislados; estas situaciones son comunes. Cada año, miles de jóvenes se unen a programas de inserción laboral ofrecidos por iniciativas como la Fundación EMPUJAR, con el anhelo de trabajar, aprender y forjar un proyecto de vida, aunque muchos de ellos llegan con una falencia compartida: nunca antes habían tenido una conversación con un profesional sobre la dinámica empresarial o las expectativas de un empleador.
Desigualdades previas
Estas carencias no se deben a la falta de talento, sino a que muchos de ellos han crecido alejados de estos ambientes. Según Florencia Segal, responsable de desarrollo institucional de la Fundación EMPUJAR, “hay desigualdades que no siempre se definan por la educación formal, el ingreso económico o la experiencia laboral. Algunas de ellas comienzan mucho antes. Existen jóvenes que crecieron observando a sus padres o familiares ir a trabajar, escuchando conversaciones sobre reuniones, entrevistas o ascensos. Sin darse cuenta, fueron incorporando códigos y expectativas del mundo laboral, mientras que otros no tuvieron esa oportunidad”.
El papel del capital social
Los expertos denominan capital social a la red de contactos, experiencias y referencias que brindan acceso a mejores oportunidades. Esto no solo se traduce en tener conexiones, sino también en acceder a información y consejos que permiten entender mejor cómo funciona un determinado ámbito. Algunos jóvenes construyen este capital de forma natural a través de su entorno familiar, mientras que otros requieren de un apoyo externo.
Crecimiento del voluntariado empresarial
El voluntariado profesional se ha vuelto una práctica esencial dentro de la responsabilidad social corporativa. Según el informe Giving in Numbers 2024 de la organización Chief Executives for Corporate Purpose (CECP), entre 2021 y 2023, las horas dedicadas al voluntariado por empleados aumentaron un 75%, reflejando un creciente compromiso con estas iniciativas. En la Fundación EMPUJAR, cada año, más de 1,500 profesionales ofrecenn apoyo a jóvenes en busca de su primer empleo formal mediante mentorías, simulaciones de entrevistas, talleres y visitas a empresas.
La experiencia del voluntariado
“Cuando me inscribí como voluntaria pensaba que iba a enseñar herramientas para la búsqueda de empleo, pero entendí que el verdadero aprendizaje fue mutuo”, comenta Valeria Fernández Tryskier, Licenciada en Psicología y especialista en gestión de talento. Con más de 15 años de experiencia en selección y desarrollo, su encuentro con Martín, un joven en búsqueda de empleo, resultó ser un punto de inflexión. “Martín me contactó meses luego para decirme que había encontrado trabajo y cuánto significó para él nuestra conversación”, cuenta.
Por su parte, Laura Bacigalupo, con una trayectoria de más de diez años en e-commerce, se unió como mentora movida por su deseo de contribuir a causas sociales. Al mirar hacia atrás, lo que más le impactó no fue solo el trabajo realizado, sino el lazo humano que se forjó. “No se trata solo del impacto que yo pude tener en ellos, sino del que ellos provocaron en mí”, comenta.
Reconocimiento del potencial juvenil
Para Félix Benítez, de 19 años, esta fue la lección más valiosa que recibió en la Fundación EMPUJAR: “Es un lugar donde creen en el potencial de cada individuo, incluso cuando a veces nosotros mismos dudamos”. Agrega, “lo más valioso es el acompañamiento humano, hay personas que dedican tiempo y corazón para ayudarnos a construir un mejor futuro”.
La reciprocidad en el voluntariado profesional es notoria. Mientras los jóvenes adquieren herramientas para desenvolverse en el ámbito laboral y expanden su red de contactos, los voluntarios reviven el valor de compartir conocimientos y se convierten, a menudo sin quererlo, en el primer referente profesional de alguien. “Quizás ese sea el mayor aporte del voluntariado profesional: no solo compartir conocimientos y formación, sino acercar un mundo muchas veces distante para los jóvenes, ampliar sus horizontes y demostrar que el talento necesita tanto oportunidades como personas que confíen en él”, concluye Florencia Segal.
Las historias de María Luján, Magalí, Félix, y de las voluntarias Valeria y Laura evidencian que el acceso al empleo también se edifica a partir de esas redes sociales y experiencias que permiten comprender el funcionamiento del mundo laboral y aumentar las oportunidades de inserción.
