7 noviembre 2026

La histórica visita de Eugenio Pacelli a Buenos Aires como futuro Papa

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Eugenio Pacelli y su llegada a Buenos Aires

Cuando Eugenio Pacelli arribó al puerto de Buenos Aires, no era un cardenal cualquiera. En el interior del Vaticano, circulaba la idea de que era el preferido del papa Pío XI, quien le había encomendado diversas misiones diplomáticas para prepararlo en las complejidades del liderazgo eclesiástico. En medio de una creciente tensión bélica a nivel global, el Papa vio en Pacelli a la persona adecuada para transmitir el mensaje de la Iglesia como una esperanza espiritual en un mundo al borde de la conmoción.

El Congreso Eucarístico Internacional

Ante este panorama, Pío XI decidió que Pacelli representara al Vaticano en el XXXII Congreso Eucarístico Internacional, que se llevaría a cabo en Buenos Aires entre el 9 y el 14 de octubre de 1934. Este congreso, el primero en Argentina, era parte de una serie que se celebraba desde 1881, y buscaba establecer la dirección de la misión católica. El Papa expresó que tenía “la firme esperanza de que va a superarlos a todos”, y así fue, pues evidenció el fuerte arraigo del catolicismo en el país. El comité organizador, presidido por Monseñor Daniel Figueroa, había estado en preparación desde marzo de 1933.

Preparativos y el viaje a Argentina

Nacido el 2 de marzo de 1876 en Roma en el seno de una familia de abogados relacionados con la Santa Sede, Pacelli fue nombrado cardenal en 1929 y se convirtió en secretario de Estado del Vaticano en febrero de 1930. A lo largo de su carrera, realizó importantes negociaciones, incluida la del concordato con la Alemania nazi en 1933, que abordó preocupaciones sobre libertad religiosa. Se alega que su viaje a Buenos Aires fue meticulosamente planificado para lograr el mayor impacto posible.

El 24 de septiembre, Pacelli zarpó a bordo del Conte Grande, un transatlántico italiano que había comenzado su ruta entre Génova y Buenos Aires en 1927. Al llegar, una multitud lo despidió en el muelle de manera similar a como si hubiese sido el Papa. Durante el viaje, se mantuvo alejado del resto de los pasajeros, celebró una ceremonia religiosa al cruzar el ecuador y dedicó tiempo a estudiar español.

La recepción en Buenos Aires

Dos semanas después, el 9 de octubre, el presidente Agustín P. Justo lo recibió en el buque de guerra 25 de Mayo, acompañado de otras embarcaciones y bajo un espectáculo de palomas y aeronaves. Justo le dio la bienvenida en nombre de todos los soberanos y el intendente porteño lo reconoció como el «soberano más poderoso de la Tierra». La entrada a la ciudad fue un evento solemne, en medio de un efusivo fervor religioso y aclamaciones.

Pacelli se hospedó en el Palacio Fernández Anchorena, un edificio que había sido parte de una herencia y que luego se convirtió en la residencia de la Nunciatura. Su estancia fue marcada por la expectativa de los medios, que se sorprendieron por el inusual silencio que reinaba en el palacio, a pesar del constante movimiento de clérigos y laicos. Antes de la apertura del congreso, se llevaron a cabo diversos eventos culturales y religiosos que incluyeron una muestra de arte en el Museo de Luján y la inauguración de nuevas iglesias.

El Congreso y el fervor religioso

Los actos principales atrajeron a cerca de un millón de personas, un número asombroso considerando que la población total del país era de aproximadamente ocho millones. Se organizaron procesiones que conectaban plazas y lugares emblemáticos, y a lo largo del congreso, se realizaron misas y actividades en diversas localidades. Durante el segundo día, Pacelli realizó bendiciones por la paz en medio del conflicto bélico entre Bolivia y Paraguay.

El congreso culminó el 14 de octubre con una misa oficiada por Pacelli, quien pronunció la homilía, seguida de una bendición transmitida en directo por el Papa Pío XI a la multitud bajo una lluvia persistente. Pacelli, tras finalizar el evento, viajó hasta Palermo en un catafalco especial, acompañado por una multitud de sacerdotes.

El legado de la visita de Pacelli

Después de su paso por Buenos Aires, Pacelli continuó su viaje hacia Río de Janeiro y Barcelona, donde recibiría el tratamiento de jefe de Estado, visitando lugares emblemáticos como el Cristo Redentor. Más tarde, fue elegido Papa, haciendo historia al ser el primer romano en ocupar el puesto en 218 años. Su figura estaría rodeada de controversias durante la Segunda Guerra Mundial respecto a su posición ante los horrores del conflicto.

La visita de Eugenio Pacelli a Buenos Aires dejó una profunda huella en la identidad católica del país, evidenciando la influencia y el fervor religioso que marcarían esa era.

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