20 septiembre 2026

Sábato entrega informe de la Conadep a Alfonsín en un momento histórico

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El encuentro histórico del 20 de septiembre de 1984

El 20 de septiembre de 1984, en el Salón Blanco de la Casa Rosada, tuvo lugar un momento significativo cuando el escritor Ernesto Sábato hizo entrega al presidente Raúl Alfonsín de dos volúmenes que contenían el informe de la Comisión Nacional de Desaparición de Personas (Conadep). En la fotografía, Alfonsín presenta una expresión seria mientras Sábato oculta sus ojos tras unos oscuros anteojos, reflejando la gravedad del contexto. Este informe fue resultado de una iniciativa del propio Alfonsín para investigar los atroces crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura. A menos de un año de restaurar la democracia en Argentina, la atmósfera de entusiasmo era palpable, pero muy marcada por los miedos y tensiones.

El contenido del informe y su impacto

El informe de la Conadep revelaba la aterradora realidad de la dictadura, documentando a través de miles de testimonios la existencia de 340 centros clandestinos de detención y 8961 casos de desapariciones. Esto era apenas una parte de las terribles consecuencias de un plan sistemático de desaparición ejecutado por las Fuerzas Armadas en un pasado reciente.

Divisiones políticas y reacciones

La llegada de Alfonsín al poder el 10 de diciembre de 1983 se produjo tras un proceso electoral donde su compromiso de investigar las violaciones a los derechos humanos generó un claro quiebre entre los principales partidos del país. Mientras el candidato de la UCR aseguraba que se haría justicia, el representante del peronismo, Ítalo Argentino Luder, defendía la validez de la ley de autoamnistía dictada por la anterior junta militar, lo que implicaba que los represores podrían quedar impunes. A pesar de la brutal represión que había sufrido el peronismo, el partido se negó a participar en la Conadep, lo que también reflejaba una fragmentación interna.

Composición de la Conadep

La Conadep fue conformada sin ningún integrante peronista, incluyendo figuras como Graciela Fernández Meijide (madre de un desaparecido), el obispo Jaime de Nevares, entre otros. El liderazgo de la comisión recayó en Sábato, quien había manifestado oposición a la dictadura. En su seno, también se encontraban académicos y defendores de los derechos humanos que se comprometieron con la causa. La ausencia del peronismo en este organismo fue un punto de fricción, considerando que muchos de sus militantes habían padecido directamente la represión dictatorial.

El contexto de miedo y la lucha por los derechos humanos

El rechazo de los peronistas a integrarse a la Conadep encapsulaba una compleja paradoja. Muchos miembros de este movimiento habían sido víctimas de la represión, y aunque algunos justificaron su ausencia por motivos diversos, la realidad era que había un fuerte temor a las represalias. Además, el decreto 157 promulgado días antes por Alfonsín, que también contemplaba castigos para militantes de izquierda, complicaba aún más la situación, generando desconfianza sobre el uso político de las denuncias.

Efectos a largo plazo

Con el tiempo, la política de derechos humanos del gobierno radical sucumbió a la presión militar, materializándose en las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, que garantizaron la impunidad de muchos represores. Sin embargo, años más tarde, el peronismo bajo la presidencia de Néstor Kirchner dio un giro a esta situación, derogando dichas leyes y reafirmando el compromiso con la Memoria, Verdad y Justicia. El informe de la Conadep, publicado bajo el nombre Nunca Más, se convirtió en un pilar del testimonio sobre los crímenes de la dictadura, agotando su primera edición de 40 mil copias la misma noche de su lanzamiento y sirviendo de base para los juicios a las juntas militares.

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