La búsqueda del grado de inversión: los desafíos de Argentina
La meta del grado de inversión
Mientras Lionel Messi y la Selección Argentina persiguen otra Copa del Mundo, el Gobierno de Javier Milei se ha fijado un objetivo ambicioso: alcanzar el grado de inversión. Este es un reconocimiento reservado para economías con un alto nivel de seguridad y confianza para los inversores. Lograr esta categoría no solo minimiza el riesgo de incumplimiento de la deuda, sino que también amplía la base de fondos internacionales dispuestos a invertir en el país y reduce el coste del crédito tanto para el sector público como para las empresas.
El ministro de Economía, Luis Caputo, comentó esta semana que la meta se espera lograr para el año 2031. Sin embargo, para dejar atrás la clasificación de “bonos basura”, simplemente ordenar las cuentas públicas no es suficiente. Las principales agencias calificadoras de riesgo y analistas del mercado señalan que el verdadero desafío está apenas comenzando: es crucial acumular reservas internacionales, robustecer las instituciones económicas, desarrollar el mercado de capitales y asegurar un crecimiento sostenible impulsado por las exportaciones.
Desafíos a largo plazo
La Argentina necesita convencer a los mercados de que su estabilidad económica no depende de un solo gobierno, sino que debe ser un pilar de Estado. Según las calificadoras, esto es esencial para que el país deje atrás su etiqueta actual y aspire por primera vez a formar parte del grupo de naciones con grado de inversión. Caputo mencionó que ya ha dialogado sobre este objetivo con las tres principales agencias clasificadoras, y dos de ellas señalaron que, aunque complicado, es posible.
- La deuda soberana argentina se mantiene en el grado especulativo, catalogada entre los “bonos basura”.
- Fitch ha mejorado su calificación de CCC+ a B-, mientras que S&P realizó un ajuste similar.
- Moody’s, por otro lado, mantenía su calificación en Caa1.
A pesar de las mejoras, la Argentina sigue estando seis niveles por debajo del umbral de BBB-, el mínimo considerado grado de inversión por Fitch y S&P, y Baa3 según Moody’s. La historia de innumerables defaults soberanos continúa afectando la percepción de riesgo en los inversores, razón por la cual las agencias enfatizan la necesidad de políticas económicas a largo plazo.
Expectativas y condiciones necesarias
Todd Martínez, director y co-responsable de soberanos de Fitch para América Latina, afirmó que no hay restricciones para que Argentina alcance el grado de inversión. Sin embargo, también señaló que escalar esos seis niveles en cinco años implica «una mejora sustancial en las métricas crediticias», algo que catalogó como muy complejo.
Una conclusión significativa de Fitch resalta que el foco principal ya no debe ser el frente fiscal. “Argentina tiene un perfil fiscal competitivo comparado con naciones mejor calificadas”, destacó Martínez. Señaló que la liquidez externa es la métrica clave a considerar. La capacidad del país para no solo generar dólares para cumplir con sus obligaciones, sino también para mejorar su disponibilidad y reducir su necesidad de divisas, es crucial para evitar problemas ante cualquier eventualidad.
En junio, el Gobierno logró cumplir la meta semestral de acumulación de reservas pactada con el FMI, acercándose a los US$1000 millones de su objetivo para 2026. Sin embargo, para Fitch, este logro es solo un primer paso hacia un camino más extenso.
- El programa financiero 2026-2027 presentado por Caputo establece que el Tesoro deberá adquirir US$4900 millones del Banco Central en 2027 para hacer frente a vencimientos de deuda.
- Este desafío se complica por la proximidad de un año electoral, cuando se espera que la oferta de dólares disminuya, incrementando la demanda de cobertura cambiaria.
Las agencias calificadoras subrayan que el examen sobre el grado de inversión también dependerá de que las mejoras en la economía perduren, independientemente de quién esté en el poder. Martínez afirmó que este avance no está ligado a la permanencia de Milei, sino a la solidez de las políticas que él implemente.
Standard & Poor’s coincide en que no existe una única combinación de métricas para lograr el grado de inversión. Dos países pueden tener calificaciones similares pero con fortalezas diferentes. En general, los países que alcanzan este nivel poseen un historial de estabilidad política, instituciones robustas y buena gestión económica, resultados que se reflejan en baja inflación y crecimiento sostenido.
Un largo camino por recorrer
El análisis de Ramiro Blázquez, estratega de StoneX, respalda esta afirmación. Para lograr el grado de inversión, es necesario avanzar en la previsibilidad de la política económica a través de instituciones fuertes. Esto incluye la implementación de una norma fiscal por el Congreso, reformar la Carta Orgánica del BCRA, alcanzar una inflación de un solo dígito y desarrollar un mercado crediticio en pesos que supere la tradicional dependencia del dólar.
A pesar de los desafíos, el Gobierno subraya los beneficios de alcanzar esta calificación. José Luis Daza, viceministro de Economía, comentó que nunca antes el país ha tenido un grado de inversión. Con esta aspiración, se busca centrarse en los años 2028, 2029 y 2030, lo que impactaría en la disminución del riesgo país y el aumento de inversiones privadas en sectores como Vaca Muerta, minería y agro.
Sin embargo, la experiencia internacional indica que este proceso generalmente requiere varios años. Por ejemplo, Uruguay tardó una década en ascender desde la calificación actual de Argentina hasta alcanzar el grado de inversión. Grecia necesitó seis años tras su default en 2012, y Paraguay alcanzó este hito en 2024 gracias a una estabilidad macroeconómica continua.
Como concluyó Martínez, el grado de inversión “no depende de la continuidad del gobierno de Milei, sino de la voluntad de mantener un marco político sólido”. En conclusión, la meta que busca alcanzar Argentina no se ganará de un día para otro, sino que requerirá años de consistencia y dedicación a un rumbo económico estable.
