Un artista peruano transforma el barrio Mugica con su proyecto cultural
Un nuevo comienzo en Buenos Aires
Con casi diez años desde su llegada, el artista peruano Brian Mayhual López se ha establecido en el barrio Mugica, conocido anteriormente como la exvilla 31. Su misión es utilizar el arte como herramienta para eliminar los prejuicios asociados a este emblemático lugar de Buenos Aires, a menudo estigmatizado por su pasado.
Conexión simbólica entre culturas
El proyecto más reciente de López busca crear un vínculo simbólico entre el barrio Mugica y Plaza Perú, a través de la instalación de dos esculturas que representen la identidad cultural de ambos espacios. Según explica, estos lugares suelen ser vistos como opuestos: el barrio Mugica, cargado de prejuicios, y Plaza Perú, asociado a la vida cultural de la ciudad. Para él, el arte puede actuar como un puente que demuestra que las diferencias suelen ser una construcción social.
Derribando estigmas
«Muchas personas creen que, por vivir en un barrio popular, automáticamente sos un delincuente o no tenés futuro. Yo descubrí exactamente lo contrario», manifestó en una conversación. Su objetivo va más allá de embellecer las calles; busca contar una narrativa diferente sobre la comunidad, que está llena de cultura, trabajo y convivencia entre diversas nacionalidades.
Un viaje inesperado hacia el arte
Brian comenzó su trayectoria en un campo muy distinto. Nació en Lima, donde se graduó en Electrónica Industrial y trabajó en una empresa multinacional. Sin embargo, su verdadera pasión siempre había sido el dibujo. En 2016, decidió dejar su empleo seguro para mudarse a Buenos Aires, después de ser invitado por una tía que residía allí.
Transformando la percepción del barrio
Su llegada al Mugica fue un choque con la percepción externa que se tiene del lugar. Al mencionar su residencia, frecuentemente le hacían preguntas como: «¿Es peligroso?» o «¿No tenés miedo?» Estas reacciones le hicieron darse cuenta de que la realidad del barrio era muy diferente a la imagen que se proyectaba desde afuera.
Con el tiempo, fue entendiendo que podía contribuir al cambio desde su área de conocimiento: el arte. Inspirado en el vínculo de Benito Quinquela Martín con La Boca, soñó que los murales podían cambiar la visión que el mundo tenía de su barrio.
Murales que cuentan historias
Los primeros murales de su carrera fueron dedicados a los vecinos, pero eventualmente ampliaron su alcance a restaurantes, instituciones y empresas. Uno de los hitos en su trayectoria fue un mural realizado para un banco en la entrada del barrio, que marcó un cambio significativo en su carrera.
El torito de Pucará como símbolo
El torito de Pucará, una cerámica emblemática peruana que simboliza protección y prosperidad, ha sido resignificado por López como un símbolo de unión entre Perú y Argentina. Una de estas piezas, comprada durante la inauguración de un mural, llegó a manos del papa Francisco en el Vaticano, lo que hizo que el artista reflexionara sobre el viaje de su historia y cultura.
Un futuro inspirador
Actualmente, López se dedica exclusivamente a su carrera como artista visual y muralista, organizando talleres donde los participantes pintan toritos de Pucará mientras aprenden sobre la gastronomía y la cultura peruana. Su visión es crear una conexión a través del arte, fortaleciendo la identidad cultural.
Su nuevo proyecto pretende llevar la escultura a espacios icónicos de Buenos Aires, buscando que la instalación de los toritos en el MALBA y en el barrio Mugica sirva como un intercambio cultural entre ambos lugares que muchas veces se perciben como distantes.
