El argentino que desarrolla la primera vivienda de barro impresa en 3D en Sudamérica

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Innovación en bioconstrucción con barro

El emprendedor argentino Agustín Gore ha llevado la impresión 3D a un nuevo nivel al crear la primera máquina en Argentina y Sudamérica capaz de construir casas completas utilizando barro, un material esencial desde la antigüedad. Esta impresora 3D de gran tamaño está diseñada para crear viviendas empleando una mezcla de tierra, arena, fibras naturales y agua. «Unimos saberes ancestrales e innovación tecnológica«, comentó Agustín sobre su revolucionaria creación.

El contexto de la construcción

El proyecto se desarrolla en un terreno en San Javier, Córdoba, donde la mezcla de un ambiente futurista y antiguo destaca. La estructura metálica, de cuatro metros de altura, se desplaza lentamente y deposita capas de barro, moldeando las paredes de un domo. Junto a Gustavo Mutio, su socio desde hace más de cuatro años, Agustín ha estado desarrollando una tecnología que busca fusionar automatización, sustentabilidad y acceso a la vivienda. Su proyecto, llamado Barrobot, describe como “un robot de barro que imprime barro”.

Los desafíos iniciales

La idea nació poco después de la pandemia de Covid-19, cuando Agustín y Gustavo se enfocaron en las impresoras 3D para casas de cemento. Sin embargo, conseguir financiamiento fue complicado debido a la falta de una prueba concreta del funcionamiento con barro. Sin contar con los 300.000 dólares que cuesta una impresora similar en Europa, la pareja inició este desafío prácticamente de manera autodidacta, creando prototipos con motores de menor costo y componentes reciclados.

La singularidad de Barrobot

A nivel mundial, existen pocas iniciativas que utilicen barro para la impresión 3D. Agustín menciona que actualmente solo hay tres más en el mundo que imprimen con este material. A diferencia de otros proyectos que utilizan mezclas cementicias, Barrobot se enfoca en elementos naturales y de bajo impacto ambiental. Su diseño modular permite un montaje y desmontaje rápido, lo que facilita su traslado al sitio de construcción.

  • Área útil de impresión: ocho por diez metros (alrededor de 80 m²).
  • Primeros prototipos: se crearon tres para validar la resistencia del material.
  • Sistema de funcionamiento: similar a una impresora 3D convencional pero a gran escala.

Desarrollo del domo

La máquina imprime un domo con un diámetro de siete metros y una altura de tres metros con sesenta centímetros, abarcando una superficie interna de 28 m². La estructura es autoportante, eliminando la necesidad de columnas internas y mejorando el uso del espacio. Se planea revestir el exterior con un revoque a la cal, que protegerá la pared sin sellar los poros del barro, manteniendo así un equilibrio óptimo de humedad y temperatura.

Instalaciones integradas durante la construcción

Una de las innovaciones de la impresión 3D es la posibilidad de incorporar instalaciones durante el proceso. Esto incluye la colocación de conductos eléctricos y cañerías a medida que avanza la construcción. El uso de fibras vegetales en la mezcla contribuye a la resistencia de la estructura, complementando el barro que trabaja principalmente por compresión.

Resultados prometedores y el futuro del proyecto

A pesar de las dudas sobre el comportamiento del barro frente al agua, Agustín asegura que las pruebas han sido satisfactorias. Un domo más pequeño ha sido dejado a la intemperie por meses, soportando bien las condiciones climáticas. El mayor desafío ha resultado ser el calor extremo, que puede causar fisuras si el material se seca demasiado rápido.

La impresión del domo tomará entre cien y ciento diez horas de funcionamiento, con el proyecto previsto para completarse en julio. A medida que avanza la construcción, Agustín y su socio descubren nuevas posibilidades de uso, desde instalaciones hasta muebles empotrados.

Objetivos a largo plazo

Agustín busca democratizar el acceso a la bioconstrucción con barro, eliminando su percepción elitista y convirtiéndolo en una opción viable para diversos sectores sociales. «Queremos que el barro gane el lugar que se merece y que deje de ser una rareza o un lujo», concluyó.

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