Dólar: los ahorristas adquirieron casi u$s42.000 millones desde la eliminación del cepo

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Análisis del mercado cambiario en Argentina

Una evaluación detallada de las series estadísticas proporciona diagnósticos más certeros que los consensos momentáneos del mercado. De acuerdo al Informe de Evolución del Mercado de Cambios y Balance Cambiario elaborado por el Banco Central de la República Argentina (BCRA), correspondiente a abril de 2026, las compras brutas de dólares por parte de los ahorristas alcanzaron la cifra de u$s2.758 millones. Este es el monto más alto desde la inestabilidad que caracterizó la transición electoral de octubre de 2025, y no debe interpretarse como un signo de pánico financiero, sino más bien como un comportamiento estructural consolidado.

Desde la liberación del cepo para este grupo, hace un poco más de un año, la demanda de dólares en efectivo ha encontrado una zona de confort que se mantiene entre los u$s2.000 y u$s3.000 millones mensuales. Esta situación es crucial porque influye directamente en el diseño de la política monetaria. La macroeconomía del país muestra indicadores de estabilización, respaldados por un superávit comercial sólido, derivado de la maduración de inversiones en energía y ciclos agrícolas.

El impacto del atesoramiento de dólares

El análisis de la demanda de moneda extranjera permite diferenciar entre componentes especulativos y estructurales. En 2025, el atesoramiento de dólares mostró la típica volatilidad asociada a los ciclos políticos: en septiembre se alcanzaron los u$s5.193 millones, y en octubre, u$s4.729 millones. Sin embargo, tras disiparse la incertidumbre, el volumen cayó a u$s1.615 millones en noviembre. Este último, a pesar de su baja, fue identificado como un umbral mínimo operativo.

Desde abril de 2025, el total acumulado de la demanda bruta de dólares es de u$s37.149 millones. La cifra de abril de 2026 ratifica que, incluso con una baja volatilidad cambiaria aparente, la dolarización de portafolios opera de manera autónoma. El peso argentino, una moneda bimonetaria de facto, ha mantenido su función como medio de pago y unidad de cuenta, aunque ha fracasado como reserva de valor. La confianza en la moneda es un activo que se construye durante décadas a través de rendimientos positivos, no solo por medio de decretos de desregulación.

Presión sobre reservas internacionales

Para evaluar la presión sobre las reservas internacionales, es necesario enfocarse en los flujos netos. En abril de 2026, las ventas de dólares por parte de individuos sumaron solo u$s822 millones, aumentando el total anualizado a u$s9.030 millones. Esta asimetría es notable: el resultado neto mensual por billetes resultó en un saldo negativo de u$s1.936 millones, consolidando un déficit total de u$s28.119 millones desde que se eliminaron las restricciones. Si se consideran las transferencias de divisas al exterior, que en abril sumaron u$s427 millones, la necesidad neta total asciende a u$s2.363 millones mensuales, alcanzando un total acumulado de u$s41.876 millones desde que se levantó el cepo.

Desde la perspectiva de la intermediación financiera, esta situación provoca un efecto de crowding-out sobre ahorros internos, donde los excedentes en moneda local generados por el sector privado se esterilizan en atesoramiento físico, impactando negativamente en la profundidad del mercado de capitales local.

Asimetrías regulatorias en el mercado cambiario

El mercado oficial de cambios se encuentra en un equilibrio que resulta de factores favorables y un esquema regulatorio dual. En el lado de la oferta, el BCRA capta las liquidaciones del sector agropecuario y de las empresas hidrocarburíferas, que deben liquidar sus divisas en el Mercado Único y Libre de Cambios (MULC) al tipo de cambio oficial. Este flujo permite al BCRA administrar la paridad, pero esto también revela una fricción institucional significativa, ya que el sector minorista opera sin regulaciones, mientras que el corporativo está sujeto a controles de capital.

Desafíos sociales y económicos

A pesar de los volúmenes negociados, el sostenimiento de esta demanda introduce una dinámica regresiva en la estructura patrimonial de la sociedad. La capacidad para generar excedentes transaccionales en pesos que permitan dolarizar u$s2.300 millones netos al mes está concentrada en los deciles de mayores ingresos, blindando sus carteras ante depreciaciones del peso. En contraste, los sectores de menores recursos enfrentan la volatilidad del poder adquisitivo del peso, lo que genera un riesgo sistémico significativo. Si se produjeran correcciones cambiarias, los tenedores de moneda extranjera se beneficiarían del ajuste, mientras que la base de la pirámide sufriría los efectos de la inflación.

Proyectando la actual demanda, Argentina requerirá anualmente entre u$s25.000 y u$s30.000 millones solo para satisfacer la preferencia del sector privado por liquidez en dólares. Desestimar este bimonetarismo estructural es un error. La optimización de la política macroeconómica debe incorporar esta variable como un elemento fijo dentro del flujo de fondos nacional.

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